9.12.14

"Si buscas resultados distintos,
no hagas siempre lo mismo"
Albert Einstein (1879-1955)

Feliz 2015


El rendido calentador de paso

Estoy en un rincón del cuarto de servicio.
Llevo allí, ocho años.
He cumplido, cabalmente, con mi tarea de hacer caliente el agua.
En los tiempos y momentos que me han utilizado.
Últimamente me he sentido indispuesto.
Algo atenta contra mi capacidad de objeto utilizable.
Una especie de sueño hace que la llama que me inspira, se adormezca.
Inevitablemente, surge el encendedor de fuego para alentar mi capacidad.
Pero, otra vez el cansancio me domina y me sedo al sueño.
Quienes me necesitan se enojan por mi incapacidad de ser útil.
Siento el tronar de la voz llenándome de improperios.
Créanme que hago todo mi esfuerzo por permanecer en función.
Una tarde llegó el personaje que me iba a poner activo y sin problemas.
Algo cambió en mi interior, pero no duró mucho tiempo.
Otra vez, aparecieron mis achaques primigenios.
Hice todo lo indecible para que pudiera mantener mi estado de calentar.
Sabía del enojo y de la decisión que se aproximaba.
Y una tarde fría, frente a mí apareció una caja cuadrada.
Me pregunté que podía contener, pues algo me decía, nada bueno sería para mí.
Una fuerza extraña me impregnó.
Al siguiente encendido, complací sin remilgos lo que tenía que realizar.
Lo que se esperaba de mí, resultó como en los mejores tiempos.
Sí, el presentimiento se hizo realidad.
En la referida caja, apareció un flamante modelo nuevo para sustituirme.
Fui retirado y vaciado del agua que contenía.
Cada tubo, que me conectaba, cedió su trabajo al silencio.
Perdía toda la oportunidad de continuar en este ejercicio, tan cálido.
No valió el momento que procuré el calor necesario y a veces en extremo.
El tiempo en activo no sirvió en este instante de deterioro.
Ya no funcionaba bien y mi cambio se volvió una prioridad.
Fui el calentador de paso que terminó sus días en una caja y arrumbado.

Sin embargo, me llegó la noticia de que el nuevo, falló. No sé que decir.

Koyaanisquatsi, para el taller Busco Imaginar


El parque que era feliz

Tenía como unidad de superficie, una manzana de extensión.
Una diversidad de árboles le acompañaban.
Fresnos y acacias convivían en su espacio, contentas de ser apreciadas y respetadas.
Su camino central de piedras guiaba para atravesarlo.
Era grueso y de manera ondulada dejándose interrumpir por otras sendas.
Otras vías más cortas le hacían verse como con venas.
En el centro exacto, aparecía una fuente que lloraba abundante líquido.
La fuente a su vez, poseía unas esculturas pequeñas, que de su boca expulsaban el agua.
Flores diversas le daban un toque de color al paseo de los caminantes.
Las bancas de madera y hierro, cada cierto tramo, esperaban al descanso.
Las hojas eran constantemente barridas y acumuladas en un extremo.
El pasto, perfecto y bien cortado se mostraba verde y oloroso.
Una breve extensión contenía juegos para los infantes.
Una zona ligeramente boscosa, ocultaba a las miradas, encuentros de enamorados.
El sonido del agua que corría alborotada, justificaba al pequeño lago que aparecía.
Los pájaros cantaban una variedad de melodías que lo identificaban.
Gritaban llamando la atención de todos los viandantes.
En la periferia del parque transitaba un carruaje muy añejo.
Esto para darle otro ambiente al espacio y a sus alrededores.
El cochero iba vestido como los del siglo XIX.
Niñas y niños corrían buscando al entretenido juego que los reconfortaba.
Las plantas se mecían entretenidas por la brisa, paleando al fuerte clima.
Los perros sorprendidos, se dejaban ir por la alegría de la velocidad.
En otro de los extremos, se identificaba un bello quiosco antiguo de madera.
La estatua de una pluma de ave le hacia gala a los recuerdos de como se debe protegerle.
Por increíble que parezca, aparecía un espacio, cómodo y dedicado al área de lectura.
Grandes butacas de madera para descansar, se complementaban entre las flores y árboles.
También, una biblioteca mínima abría sus páginas al llamado de esta actividad.
En fin, como no iba a sentirse este parque feliz.
Tenía la acción y el gusto de todo lo que esperamos poseer, en un espacio público.
Y que decir de su baño matinal que le daba interés a su cuidadoso riego.

A cuántos nos gustaría ser ese preciado parque, que presume de tanta felicidad.

6.11.14

"Hacer lo simple complicado es bastante habitual; hacer lo complicado simple, asombrosamente simple, eso es creatividad." Charles Mingus

30.10.14

Imaginantes


Cartel creado para el curso "Busco Imaginar" en el marco de la
proyección de las cápsulas "imaginantes" de José Gordon.

Y más, mínimas historias.

* Este es un calcetín de rayas café. Se entusiasma cuando es colocado en armonía con la camisa o blusa. No importan los zapatos que lo contendrán. Siempre se ajusta a la pierna y al pie, sin tomar en cuenta el tamaño de éstos. Es largo y ligeramente ajustable. Cuando se lavan y cuelgan del tendedero se mecen con suavidad. Parece que hacen mucho ejercicio. Son muy flexibles.

* Unas piernas robustas caminan llevando a un cuerpo proporcionado y bello. Cada paso permite un balanceo sensual. Los pasos se alargan o acortan dependiendo de lo sinuoso del camino. No hay dolor que impida al apurado paseo no ser disfrutado. Claro que existen tropiezos. Pero éstos nunca dejan de caminar buscando lo entretenido del paseo.

* El dedo índice se ha propuesto indicar cada aspecto que le rodea. Señala a la nube que pasa apresurada buscando donde descargar su aguado contenido. Al personaje que se apura en cruzar la calle. Y así, también, se le da otra función. Se introduce en la oreja que mantiene un determinado escozor. O se dobla para rascar alguna parte del cuerpo que le altera con su picor. Él, se siente unido con otros de sus congéneres que lo acompañan en cada mano. Y se cree el más importante.

* El ¨plátano macho¨ se siente molesto porque le han dado ese nombre. Es un vegetal duro cuando esta verde, pero si madura se siente suave y dulce. No soporta que lo asocien con alguna actividad de ese género. Su función es ser frito. Envidia un tanto al plátano manzano y al roatán. Pues, son llamados injustamente, de fruta. Lo que plantea es su variedad y diferencia de sabores en el momento de ser consumido. Lo cortan delgado. Lo aplastan. Se vuelve crujiente o delicado al paladar. Es todo un ¨señor¨. Así, preferiría ser nombrado: ¨plátano señor¨. Nada de macho.

* Suena el teléfono. Y una suave voz lo acompaña. Su timbre se puede cambiar. Se pone rojo de pena porque le hablan, a su especie de oído. Su papel fundamental es comunicar. Esta lleno de funciones que no le interesa utilizar. Él, escucha y le gusta que le hablen. Suavemente, con cierta tranquilidad. Se estremece cuando le gritan. Sabe que da lo mismo, pues no va a acelerar la relación que se logra entre quienes hablan. Es un logro ser inalámbrico. Su diseño es moderno y delicado. No pesa. Es cómodo de maniobrar. Es digital y de botones. Se acuerda de su anterior familia que estaba formada con un disco que giraba y la constitución de estos era de plástico pesado. Por lo general se veían de color negro. Y al llamar escandalizaban sobremanera. Sin embargo, ahora su timbre se comporta musicalmente. Que orgullo pertenecer a esta generación de teléfonos.

De comidas, mínimas historias.

La carne con papa, se había decidido a convivir con los diferentes ingredientes que le darían más sabor. A la carne lo que más le gustaba era cuando llegaba el momento de desmenuzarla. La papa disfrutaba ser cortada en cuadrados. En la cazuela que iba a generar el platillo, se asomaba un grupo de tomates cortados. La cebolla lloraba a mares, sorprendida por tanto sabor. El ajo resistía los golpes a su cuerpo para generar más gusto y sobresalir de los demás ingredientes. El comino se reunió para complementar otro estimulo al platillo y esto se logró con una pequeña cucharadita. El orégano se dejó lanzar, con suavidad, en el caldo que cocinaba a todos los ingredientes. La cazuela bullía y el aroma se expandía por toda la estancia. Que disfrute conocer a estos participante del comer.

Las dobladas iban a transformarse en un suculento manjar. Primero, de una simple tortilla plana a una forma que sabía le dolería. Porque la iban a doblar. La llenarían de diferentes contenidos. El mayor placer estaba en los vegetales que la constituían. Era renuente a las carnes de cualquier tipo. Podía resistir un poco de pollo y hasta de cerdo. También la pedían de papa y chorizo. Cualquier sabor era mordido con gusto. Ya no deseaba nada más. Su fin era estar doblada en un plato y masticada.

El arroz frito se preparaba para ser admirado y saboreado. La noche anterior se cocinó solo el arroz. Al día siguiente, ya del tiempo, ni frío ni con calor, fue separado para agregarle todos los ingredientes que le darían su apreciación final. Los ovalados huevos se decidieron por freírse formando una delgada tortilla. El jamón prefirió ser cortado en juliana. El pollo se sumergió en agua caliente y resistió el cocerse durante 30 minutos. Ya acalorado, muy fogoso quiso ser convertido en hebras. Faltaba el último ingrediente que venía de algún país asiático: la salsa de soya o china. Ya presentado como arroz frito se dejo acomodar para ser consumido. Comido con agrado, que sabroso se sentía.

Las papas fritas no permitían que se les llamara a la francesa o a la belga. Simplemente, eran papas fritas o patatas fritas. Aunque los franceses se digan los primeros que la procesaron, allá por el siglo XVIII. Se bañan en aceite caliente poniéndose algo suave y crujiente. Su forma casi no varía, porque cuida ser cortada en bastones. Lo curioso, siempre estornuda cuando la llenan de sal para engullirlas.

El arroz con leche se torna suave y cremoso. Es pálido y con sabor delicado. Casi siempre es servido después de comer. Se comenta que es un postre. Es hervido y le colocan en recipientes pequeños de cristal o cerámica. Éste espera impaciente su adornada superficie. Prefiere ser espolvoreado con mucha , pero mucha canela. En su estructura interior, quiso siempre ser arroz con canela.