24.3.15

Magia es...creer en ti mismo.

Si puedes hacer eso, puedes hacer

que cualquier cosa suceda.

                                                                 Goethe

Segunda versión del cartel "Imaginantes"


Plática sobre arte y diseño al jardín de niños "Teresa Peñafiel" en la Universidad Gestalt de diseño


Una simple hoja de papel

Se llena de dobleces.
Sobre cada uno siente que un material duro define sus vueltas.
Es una madera redondeada que le aplasta sus aristas.
Con rapidez se va convirtiendo en algo reconocido.
Un doblez a la derechas y otros más a la izquierda.
Manualmente se conforma una figura, que tendrá una función.
Así surge un pequeño avión de papel.
Listo para volar hacia un destino desconocido.
La mano que lo ha controlado decide ponerle a volar.
Tiene un poco de temor no realizar la aventura.
Pero, se siente expelido y comienza a planear.
Sube y ve desde  las alturas un paisaje que le asombra.
Abajo, una especie de pista le espera convidándole a aterrizar.
Nunca había experimentado tal emoción.
Se deja caer y la fuerza de la brisa lo lleva hacia un lado y otro.
Va tomando velocidad, que lo pone un poco en riesgo de sucumbir.
A lo lejos, se avecina una tormenta con gruesas nubes oscuras.
El avión de papel sigue su rumbo incierto, pero contento de volar.
Junto a él pasan un grupo de árboles corpulentos.
Las primeras gotas comienzan a llegar.
Varias le atinan, pero su velocidad le permite esquivarlas.
Ya sin remedio, enfrenta la fuerza de un chaparrón.
Su cuerpo elaborado con papel se va mojando.
Y con la humedad que provoca la lluvia se va haciendo de peso.
No esperado y se queda sin fuerzas para continuar.
Lo que había percibido como una natural pista, se va borrando por el aguacero.
Sin poder sostenerse más, cae con cierta rapidez.
Las gotas, gruesas, le golpean y comienza a perder su forma.
Rendido por el furor de la tempestad, pierde la batalla.
Ya en el suelo, lo que fue su esperanzadora pista de aterrizaje, va perdiendo su forma.
Y el avión de papel no podrá volver a lucir su esbeltez.

Quedará como un objeto olvidado y donde su propósito fue dominado por los elementos naturales.

Los recuerdos y vivencias

Dicen que recordar es volver a vivir.
Diría, que depende de esos recuerdos.
La vida es un cúmulo de acciones.
Los recuerdo son la sustancia de la memoria.
Sin ésta no hay vida consciente.
Por lo general tratamos de olvidar los recuerdos desagradables.
Aunque casi nunca se logran.
Los buenos recuerdos tratamos de mantenerlo frescos.
Ellos, a veces se burlan y se ocultan en el pensamiento.
Queremos que todo sea armonioso y que nada empañe el recordar.
El ahora es el vivir.
Lo que fue es como si soñáramos.
Se guardan en los recuerdos y los seleccionamos.
Según nuestra necesidad de demostrarnos lo que somos.
Deseamos que lo que ayer hicimos parezca mejor de lo que fue.
Adecuamos nuestra memoria en la búsqueda de recuerdos mejores.
Decimos, entonces, volver a vivir.
Y qué pasa con lo que hacemos en cada instante actual?
Porque esta inmediato no pertenece a la memoria.
No se organizan para ser los recuerdos del mañana?
Vivir, es una tarea que se aprovecha del pensamiento y lo pone a prueba.
Los recuerdos lo apoyan y lo hacen más válidos.
El pensamiento se adormila con la secuencia de recuerdos
Los dejamos, como que guardados o tal vez, mejor, escondidos.
Despertamos lo que nos conviene.
La vida se agolpa con lo peor y mejor de los recuerdos.
No hay porqué seleccionar o discriminar.
Lo que pasa es también una enseñanza para el vivir.
No solo de recuerdos se vive.
Mejor, aprender y disfrutar lo que hicimos o lo que hacemos.
Estén o no en la superficie de la memoria.

Pero, esto no es todo, cada uno tiene su memoria, recuerdos y vida. Entonces?

3.2.15

El género humano tiene, para saber conducirse,

el arte y el razonamiento.

Aristóteles (384-322 Ac) filósofo griego.

Cartel 25 aniversario de la Bienal Internacional de Carteles de México


Otra vez mínimas historias.

* El paisaje era nublado y con pequeños toques de grises. El viento se ayudaba ululando con cierta discreción. Los dos, paisaje y viento se habían propuesto permanecer alertas. En el fondo, la figura de un pequeño hombre, sentado frente a un caballete los observaba con el ceño fruncido. En su mano, un pincel dibujaba la relación entre estos dos personajes, mismo que discurría quienes serían más atendibles. En el lienzo, el paisaje se presentaba triste y con algo de añoranza. El viento de mal talante, se escurría entre las cerdas del pincel. Se quedaba, allí, asustado y convulso, borrando los trazos del paisaje. El pintor recurría a la fuerza de la mano para establecer una armonía en el resultado esperado. En su talento estaba el realismo de la interpretación. El paisaje y el viento sabían de su futuro. O quedarse para siempre en el dibujo o seguir su transcurrir libres, pero pasajeramente olvidados.

* La habitación, pintada toda de blanco, imaginaba como se apreciaría con algunas de sus paredes de otro color. Cuál sería el más indicado, para satisfacer los gustos de quienes la habitarían? Había un conflicto entre cada uno de sus muros. Uno se mostró rojo como lleno de enojo. La habitación le rechazó por alterar el entorno de tranquilidad de la superficie habitable. El azul, quiso entrar recordando al marino paisaje. La habitación, se sintió algo confundida por sentir escozor en su área de superficie. El amarillo, se interpuso al verde llenando el muro frontal con supuestos brochazos. Un sentimiento de tranquilidad sustituyó la acción de pintar y se respiró la armonía del gusto por el equilibrio mostrado entre la rigidez de las paredes y el brillante resultado del matiz. El verde, ya no pudo con su propuesta, porque la habitación se inundó de luz, como si un rayo de sol la llenara y no le permitiera decidir más, que por este cálido color, que tan bien se apreciaba. Que suerte cromática!

* Un árbol, fuerte, de tronco corpulento y con ramajes que se alzaban, como brazos queriendo atrapar a la lenta nube, que tropezaba con éste. Sus hojas, simulaban vellos llenando sus extremidades verdosas. Se movían, suavemente, sin hacer algún sonido para no despertar a las aves, que perezosas, se dejaban mecer. La mañana le adornaba la abundante copa y el sol, con suavidad, le llenaba de calor. La tierra le sostenía de cualquier embate. Sus raíces asustadas se aferraban a todo lo que le permitía su deseo de permanencia. El tiempo atento esperaba su transcurrir y lo que deparaba a su pesado paso. Tal vez, se haría viejo deseando un cambio en el gigantesco árbol. Lo sintió crecer y sabía de su continuidad. Hasta tocar el azul del celeste cielo. O a las nubes que lo cargarían acunándolo por siempre.
                                                 
* Está esperando, un envase de cristal ámbar. A su lado, una pequeña cuchara, también espera algo nerviosa. Están sobre un mantel florido, de variados colores. El principal protagonista es una taza amarilla de esbelta figura. En su interior humea un líquido oscuro y oloroso. La tapa del recipiente se abre y la cucharita se lanza, de prisa, a buscar el producto que rellena el envase de cristal. Entonces,  escarba sacando los cristales blancos del que esta constituido. Su destino quitarle el amargor de la infusión que llena la taza. Cuando cae dentro de ésta, el fuerte calor hace que se pierda, desaparezca para quedarse hecha goce del paladar. No sé si disfrutará o sufrirá la blanca azúcar.

* El espejo tiene una función, que a veces es muy agradable y otras, hasta se empaña para no dejarse reflejar. Depende de lo que ocurra delante de él. Puede ser útil si pretendes rasurarte o explorar alguna imperfección de la piel. En ocasiones la vanidad ajena lo llena de malestar. Claro, depende de quien se deje ver. Los hay circulares, cuadrados y rectangulares. Cada uno muestran las imágenes en su dimensión real. La sangre, que le da vida reflejada, es el azogue. Y estar a disgusto con su superficie es un atentado a la tranquilidad de la figura. Tiene, además, la capacidad de alertarnos ante cualquier situación inesperada. El espejo, sin dudarlo, es un objeto demasiado honesto. O no? Hay que mirarnos con detenimiento, solo eso. 

* La luz de la mañana, qué necesaria y hermosa puede ser. Tanta, es la diversidad de su intensidad. A esto le sumamos la ubicación o el entorno en el que se muestra. Comienza como una respiración pausada del día. Puede o tiene la capacidad de cambiar su densidad y brillantez. Si el día es nublado se siente agrisada y por el contrario basta con que aparezca el sol fuerte y radiante para alumbrar cada aspecto del paisaje. Incluso es un estímulo al desarrollo cotidiano de cualquier tiempo. Te abriga y hace sentir animosidad. Es un chispazo de alegría convertido en luz.


* El teléfono con y sin alambre tienen funciones similares. Sin embargo, uno, se siente más indispensable que el otro. El que depende del alambre carece de movilidad. Y el otro, se satisface en dar paseos mientras escucha y platica. La historia de uno y otro, es un factor importante para justificar su efectividad. Incluso, su diseño ha variado tanto, que ha dejado de ser tan pesado. Ahora, ambos son ligeros y cómodos a quienes les sostienen. Los dos puede cumplir con su papel de comunicador. Pero, qué ocurre cuando hay algún desperfecto eléctrico? Entonces...  con quién nos quedaríamos para mantener esta función necesaria? Quién es más indispensable? Es evidente, cual lo logra con real y segura capacidad.

Palabras expuestas 1 y 2


Cuaderno 1 y 2 de recopilación de textos para exposiciones realizados durante 20 años en Xalapa, Veracruz y otros lugares / Tímido Ediciones, 2015.