15.2.17


De la serie ¡Adivina!

oʇɐdɐz ןǝ

Tlacuache

La noche descansaba en su amplia cama universal.
Los sonidos adormecidos se dejaban convencer por el tiempo.
El sueño se entretenía con quienes lo disfrutaban.
De pronto el adormilado cuerpo se dejó despertar y el susto se presentó asombrado.
Ruidos diversos se mostraban para ser reconocidos.
Espantado me incorporé y corrí a la cocina de donde se dejaban sentir.
En una especie de simple caos frutal, se esparcían por el suelo diversas frutas.
Plátanos y guayabas ocupaban distintos lugares.
Mordidos y terminados se veían rastros del plátano.
En una esquina de la cocina un precioso animal me miraba.
Estaba apenado más que asustado.
Su hocico puntiagudo quería decirme algo.
Intenté abrir la gatera para que pudiera sentirse seguro de escapar.
Corrió al otro extremo buscando protección.
Le hablé y le dije que no se asustara porque nada le iba a hacer.
Cuando lo pude ver bien descubrí que a quien tenía como visitante era un tlacuache.
Una maravilla de la naturaleza y el único marsupial mexicano.
Perfecto en su constitución maternal, guardando a los críos en su bolsa.
Donde en perfecto orden descansan para ser amamantados.
En otros lugares le dicen zarigüeya.
Son lo mismo, pero tiene un mayor encanto decirlo en nahuatl.
Tlacuache lo reconoce como un buscador de frutas sabrosa.
Alimentándose con frugalidad, pero también con sentido de selección.
Elimina y deja sin ser consumida la cáscara.
Solo disfruta la fruta limpiándola hasta el final de ésta.
Desde ese día le dejo su ración para que se alimente.
Y no pase esfuerzo mayor intentado encontrar algo que lo sacie.
Le dejo su guayaba algo madura y su imprescindible plátano.
A la mañana siguiente busco para saber si pasó por su ración.
En el lugar que le dejo su comida no aparece ni rastro de lo ofrecido.
Espero encontrar en algún momento algo más que el vacío.

Tal vez una nota de agradecimiento, por lo que le doy con tanta satisfacción.

31.1.17

De la serie ¡Adivina!


o ɐן



¿Cómo es la silla?

Es un mueble preparado para recibirte.
Permitiendo que tu cuerpo se acomode por mucho tiempo.
La mejor manera es la de sentarte o utilizarle para subirse.
Puedes ocuparla en la comida, en una sobremesa o para trabajar.
En ella descansas sin preocupaciones.
Los materiales conque se confeccionan son variados.
Los hay de madera o de hierro y hasta de plástico.
Existen algunas muy famosas con materiales curveados en su respaldo.
La silla participa de... hasta el juego.
En el que se pelean los participante para sentarse.
Uno puede encontrar sillas para reposar.
Que son cómodas haciendo, que el cuerpo descanse, casi acostado.
El hombre se ha dado en imaginar cualquier función para este mueble.
Un ejemplo tremendo es la llamada “eléctrica”.
La silla ha tomado el rango de masculino.
Esto con el “sillón” donde su aspecto es no por ser en extremo, grande.
El sillón o mecedora sirve para  descansar en movimiento.
Se comporta con un vaivén hacia delante o atrás.
A la silla se le pueden colocar algunos aditamentos.
Cojines que le quitan su dureza.
También los fondos pueden ser de mimbre tejido.
Incluso en la sillas de metal se le hace ver el respaldo acolchado.
Su estructura es fuerte y firme en sus cuatro extremidades.
Curiosamente la madera se ha mantenido como su razón de ser.
El diseño ha dado muestras de una variedad e imaginación desbordante.
Hay quienes asocian a la silla con una tijera y así le llaman.
En realidad dista mucho de verse su parecido entre ellas.
También las hay con una especie de pala al frente para escribir.
Se usa en las escuelas para facilitar esta actividad.
La silla hace gala de su historia y se va hasta los egipcios.
Hay pinturas que demuestran su posicionamiento.

La silla sigue dándonos su función y manteniendo su  actividad de comodidad para nosotros.

18.1.17



De la serie ¡Adivina!

ouɐʇáןd ןǝ

¿Qué tanto significan las fiesta decembrinas?

El hombre a lo largo de su historia ha creado instantes de asuetos.
Ese momento representa un alto en el decursar de su vida.
Instantes creados para estar alegres, dicen que mejor.
A veces en situaciones un tanto forzadas.
Pero no importa, con tal que el tiempo se vuelva festividad.
Eso significa como una especie de cambio en su cotidianidad.
Cualquier oportunidad puede hacerse válida para convertirse en fiesta.
Desde lo religioso hasta lo más pagano.
Días y días se tornan celebraciones.
Familiares y oficios son recabados para hacerlos partícipes.
Se regalan y esto se torna un reto a la imaginación.
Qué darle a quién se festeja es la pregunta y la acción.
Un cumpleaños es muy importante porque la vida te dice que creces.
En años y no tanto en inteligencia y comprensión.
Somos halagados y nos sentimos más que complacidos.
En ese instante, algunos hacemos recuento de lo que hemos hecho.
Otros se dejan querer y como se dice acá, hasta “apapachar”.
Aunque esa expresión se me hace como aplastar.
Puede que una fiesta llegue a convertirse, económicamente en algo de eso.
El mes de diciembre es como el tope de las fiestas.
Todos se ponen a prueba para tomar su ración.
En cualquier espacio de trabajo hay celebraciones.
Y que decir de lo familiar desbordándose en atenciones y complacencias.
Dejamos a todos los que queremos un algo de recuerdo vuelto regalo.
Una postal de “feliz año” es un detalle para mantenerte dentro de la celebración.
Todo cambia de color y hasta la luz se deja apreciar más brillante.
Nos hacemos acompañar por los seres más apreciados.
Éstos se desviven para que nuestras fiestas se mantengan llenas de alegría.
Los contratiempos se tratan de borrar con sonrisas y música.
Inevitablemente las festividades están cargadas de comidas y bebidas.
Claro que las hay en mayor escala que prohiben el consumo de esta última.

Solo para evitar que la fiesta se empañe y sigamos disfrutando. A como sea.