6.8.17



Cartel seleccionado para la Bienal de México: Serie GQ


El azul.

Arriba nuestro, descansa.
Se asoma para contemplarnos desde las alturas.
Pero a veces un grupo de nubes se ponen de acuerdo para ocultarlo.
El azul, lucha mostrándose en cada parte que vemos.
Muy cerca aparece mojando al paisaje de la costa.
O sin querer se presenta llenando de color pálido algunos lugares.
La mar quiere verlo reflejado con diversos tonos.
Se mueve y se ve más o menos con intensidad.
Las olas se apuran para volverse un azul muy variado.
Los ojos se asombran al percatarse de su claridad.
Sabemos de su asignación de frío.
Claro, vuelto color puede comportase de esa manera.
El azul es elegante y refinado.
La vestimenta también se aprovecha de ese matiz.
Incluso pantalones con la asignación de mezclilla lo portan siempre.
Las camisas azules se llenan de masculinidad.
Porque eso dicen, que es su mayor representación.
En el ágil vuelo de muchos insectos se deja tocar.
Es bello ver cuando alguna mariposa dotada con un diseño azul se hace presente.
También, algunos pájaros que por su color nos asombran.
Parecen de mejor constitución verles volar envueltos en el azul.
Compite, cada día, con la claridad amarilla de la mañana.
Porque sabe que la tarde se posesiona de ese matiz para lucirle.
Las flores también quieren mantener ese llamativo color.
Y que decir de los coches que parecen brotar de la tierra.
La velocidad es azul porque queremos identificarnos con ésta.
Cuando falta el aire nuestro cuerpo se emociona con él.
El azul sirve para teñir los párpados de señoras encumbradas.
Pienso que el aire que respiramos tiene su toque de azul.
Y hay rayos que poseen la propiedad de ser azules.

La suerte del azul es que no podemos ni queremos prescindir de su coloración.

26.7.17



Serie ABC's diseño: Numerales



La luna

Blanca nos mira.
Aunque a veces parece azul.
Su cara redonda se oculta.
Dejando ver una medía luna.
Asustada de aceptar cuanto hacemos.
Incierta de seguir dándonos luz.
Enfrentando a la maldad.
Pidiendo que cambiemos.
Pero, solo la miramos.
Ella, asustada se esconde.
Entre la noche y el despertar.
Le dedicamos canciones.
Y hasta poemas, pero eso no quiere.
Pide que la nueva bienaventuranza nos guíe.
Decimos que es nuestro satélite.
Y eso tampoco le complace.
¿Para qué tener esa razón?
Es mejor llenarla de deseos realizables.
Es la luz que ilumina lo oscuro.
Hasta se asusta de los pájaros porque nunca los ve.
Como le agrada verse en los charcos y arroyos.
El caudal del río la marea por su velocidad.
Una vez, el hombre se atrevió a tocarla.
De  algo no sirvió llegar a ésta.
Solo romper con el silencio con aparatos inventados.
Lastimarle su corazón, que ya no es igual.
Bueno, si esto de “conquistarla”, fue cierto.
Lo más aceptable es su papel de cuidar a los enamorados.
Los acerca para que estén contentos contemplándola.
Se llena para que todos la apreciemos.
Y solo necesita que se le siga queriendo.

Por su brillo, frío, color y ternura.

17.7.17



Serie ABC's diseño: Signos ortográficos


¡Entre el calor y un cierto frío!


En este lugar donde habito se desarrolla algo de inestabilidad.
A veces sentimos frío o viento acompañado de humedad.
Otras la lluvia moja cada rincón del lugar.
También la neblina juega con el paisaje y lo esconde.
Por lo general, la noche se enfría para hacer que se pueda dormir.
El sol mañanero se va calentando con cierta pereza.
En las tardes se aprecia una brisa que pone a los arboles un poco alborotados.
Y como no esperado, un fuerte viento se presenta arrastrando hojas y ramas.
Llenando de sus vestigios todo el jardín.
El río desde lejos se hace sentir gritando su paso.
Los animales que pueblan esporádicamente el sitio, se dejan ver fugaces.
Mariposas que se apuran lucir sus colores para asombrarnos.
Azules vibrantes y blancos y negros con rojo llamando la atención formal de un 88.
El paso apurado de transeúntes y coches, que ronronean dejando olores nada agradables.
Las mañana refrigeradas empañan los cristales de los ventanales.
Después comienza a ceder ese fresco que hace amanecer al día.
Las cobijas no quieren perder el calor del cuerpo, que han vigilado toda la noche.
La casa aguarda los cambios climáticos y los asimila con cuidado.
Dentro de ella, el frío o el calor se esconden para mostrarse en su totalidad.
Por lo general, el calor es rechazado y no se queda como parte de una vista.
El frío, sin embargo es casi dueño del lugar.
Sabe que puede protegerse con el cierre de la estancia y los abrigos que le acompañan.
Lo raro es que en tiempos de calor éste brilla por su ausencia.
Y por lo general el frescor de cada instante se presenta para dejar dicho, aquí estoy.
Y no se va tan fácil, quedando para mantener un clima fuera de su tiempo.
Diría que es más lo fresco que se posesiona durante una buena parte del día.
Al calor le da pena y se marcha.
No se si será un arreglo entre estos dos estadios climáticos.
A lo mejor, para mantenerse solo uno de ellos.
Y ser el dueño del ambiente que preferimos.
Lo real es que dentro de la casa es el frío quien domina el estar.

Claro que entre los dos, pasan muchos aconteceres, que hacen del lugar un disfrute.