3.2.15

El género humano tiene, para saber conducirse,

el arte y el razonamiento.

Aristóteles (384-322 Ac) filósofo griego.

Cartel 25 aniversario de la Bienal Internacional de Carteles de México


Otra vez mínimas historias.

* El paisaje era nublado y con pequeños toques de grises. El viento se ayudaba ululando con cierta discreción. Los dos, paisaje y viento se habían propuesto permanecer alertas. En el fondo, la figura de un pequeño hombre, sentado frente a un caballete los observaba con el ceño fruncido. En su mano, un pincel dibujaba la relación entre estos dos personajes, mismo que discurría quienes serían más atendibles. En el lienzo, el paisaje se presentaba triste y con algo de añoranza. El viento de mal talante, se escurría entre las cerdas del pincel. Se quedaba, allí, asustado y convulso, borrando los trazos del paisaje. El pintor recurría a la fuerza de la mano para establecer una armonía en el resultado esperado. En su talento estaba el realismo de la interpretación. El paisaje y el viento sabían de su futuro. O quedarse para siempre en el dibujo o seguir su transcurrir libres, pero pasajeramente olvidados.

* La habitación, pintada toda de blanco, imaginaba como se apreciaría con algunas de sus paredes de otro color. Cuál sería el más indicado, para satisfacer los gustos de quienes la habitarían? Había un conflicto entre cada uno de sus muros. Uno se mostró rojo como lleno de enojo. La habitación le rechazó por alterar el entorno de tranquilidad de la superficie habitable. El azul, quiso entrar recordando al marino paisaje. La habitación, se sintió algo confundida por sentir escozor en su área de superficie. El amarillo, se interpuso al verde llenando el muro frontal con supuestos brochazos. Un sentimiento de tranquilidad sustituyó la acción de pintar y se respiró la armonía del gusto por el equilibrio mostrado entre la rigidez de las paredes y el brillante resultado del matiz. El verde, ya no pudo con su propuesta, porque la habitación se inundó de luz, como si un rayo de sol la llenara y no le permitiera decidir más, que por este cálido color, que tan bien se apreciaba. Que suerte cromática!

* Un árbol, fuerte, de tronco corpulento y con ramajes que se alzaban, como brazos queriendo atrapar a la lenta nube, que tropezaba con éste. Sus hojas, simulaban vellos llenando sus extremidades verdosas. Se movían, suavemente, sin hacer algún sonido para no despertar a las aves, que perezosas, se dejaban mecer. La mañana le adornaba la abundante copa y el sol, con suavidad, le llenaba de calor. La tierra le sostenía de cualquier embate. Sus raíces asustadas se aferraban a todo lo que le permitía su deseo de permanencia. El tiempo atento esperaba su transcurrir y lo que deparaba a su pesado paso. Tal vez, se haría viejo deseando un cambio en el gigantesco árbol. Lo sintió crecer y sabía de su continuidad. Hasta tocar el azul del celeste cielo. O a las nubes que lo cargarían acunándolo por siempre.
                                                 
* Está esperando, un envase de cristal ámbar. A su lado, una pequeña cuchara, también espera algo nerviosa. Están sobre un mantel florido, de variados colores. El principal protagonista es una taza amarilla de esbelta figura. En su interior humea un líquido oscuro y oloroso. La tapa del recipiente se abre y la cucharita se lanza, de prisa, a buscar el producto que rellena el envase de cristal. Entonces,  escarba sacando los cristales blancos del que esta constituido. Su destino quitarle el amargor de la infusión que llena la taza. Cuando cae dentro de ésta, el fuerte calor hace que se pierda, desaparezca para quedarse hecha goce del paladar. No sé si disfrutará o sufrirá la blanca azúcar.

* El espejo tiene una función, que a veces es muy agradable y otras, hasta se empaña para no dejarse reflejar. Depende de lo que ocurra delante de él. Puede ser útil si pretendes rasurarte o explorar alguna imperfección de la piel. En ocasiones la vanidad ajena lo llena de malestar. Claro, depende de quien se deje ver. Los hay circulares, cuadrados y rectangulares. Cada uno muestran las imágenes en su dimensión real. La sangre, que le da vida reflejada, es el azogue. Y estar a disgusto con su superficie es un atentado a la tranquilidad de la figura. Tiene, además, la capacidad de alertarnos ante cualquier situación inesperada. El espejo, sin dudarlo, es un objeto demasiado honesto. O no? Hay que mirarnos con detenimiento, solo eso. 

* La luz de la mañana, qué necesaria y hermosa puede ser. Tanta, es la diversidad de su intensidad. A esto le sumamos la ubicación o el entorno en el que se muestra. Comienza como una respiración pausada del día. Puede o tiene la capacidad de cambiar su densidad y brillantez. Si el día es nublado se siente agrisada y por el contrario basta con que aparezca el sol fuerte y radiante para alumbrar cada aspecto del paisaje. Incluso es un estímulo al desarrollo cotidiano de cualquier tiempo. Te abriga y hace sentir animosidad. Es un chispazo de alegría convertido en luz.


* El teléfono con y sin alambre tienen funciones similares. Sin embargo, uno, se siente más indispensable que el otro. El que depende del alambre carece de movilidad. Y el otro, se satisface en dar paseos mientras escucha y platica. La historia de uno y otro, es un factor importante para justificar su efectividad. Incluso, su diseño ha variado tanto, que ha dejado de ser tan pesado. Ahora, ambos son ligeros y cómodos a quienes les sostienen. Los dos puede cumplir con su papel de comunicador. Pero, qué ocurre cuando hay algún desperfecto eléctrico? Entonces...  con quién nos quedaríamos para mantener esta función necesaria? Quién es más indispensable? Es evidente, cual lo logra con real y segura capacidad.

Palabras expuestas 1 y 2


Cuaderno 1 y 2 de recopilación de textos para exposiciones realizados durante 20 años en Xalapa, Veracruz y otros lugares / Tímido Ediciones, 2015.

9.12.14

"Si buscas resultados distintos,
no hagas siempre lo mismo"
Albert Einstein (1879-1955)

Feliz 2015


El rendido calentador de paso

Estoy en un rincón del cuarto de servicio.
Llevo allí, ocho años.
He cumplido, cabalmente, con mi tarea de hacer caliente el agua.
En los tiempos y momentos que me han utilizado.
Últimamente me he sentido indispuesto.
Algo atenta contra mi capacidad de objeto utilizable.
Una especie de sueño hace que la llama que me inspira, se adormezca.
Inevitablemente, surge el encendedor de fuego para alentar mi capacidad.
Pero, otra vez el cansancio me domina y me sedo al sueño.
Quienes me necesitan se enojan por mi incapacidad de ser útil.
Siento el tronar de la voz llenándome de improperios.
Créanme que hago todo mi esfuerzo por permanecer en función.
Una tarde llegó el personaje que me iba a poner activo y sin problemas.
Algo cambió en mi interior, pero no duró mucho tiempo.
Otra vez, aparecieron mis achaques primigenios.
Hice todo lo indecible para que pudiera mantener mi estado de calentar.
Sabía del enojo y de la decisión que se aproximaba.
Y una tarde fría, frente a mí apareció una caja cuadrada.
Me pregunté que podía contener, pues algo me decía, nada bueno sería para mí.
Una fuerza extraña me impregnó.
Al siguiente encendido, complací sin remilgos lo que tenía que realizar.
Lo que se esperaba de mí, resultó como en los mejores tiempos.
Sí, el presentimiento se hizo realidad.
En la referida caja, apareció un flamante modelo nuevo para sustituirme.
Fui retirado y vaciado del agua que contenía.
Cada tubo, que me conectaba, cedió su trabajo al silencio.
Perdía toda la oportunidad de continuar en este ejercicio, tan cálido.
No valió el momento que procuré el calor necesario y a veces en extremo.
El tiempo en activo no sirvió en este instante de deterioro.
Ya no funcionaba bien y mi cambio se volvió una prioridad.
Fui el calentador de paso que terminó sus días en una caja y arrumbado.

Sin embargo, me llegó la noticia de que el nuevo, falló. No sé que decir.

Koyaanisquatsi, para el taller Busco Imaginar


El parque que era feliz

Tenía como unidad de superficie, una manzana de extensión.
Una diversidad de árboles le acompañaban.
Fresnos y acacias convivían en su espacio, contentas de ser apreciadas y respetadas.
Su camino central de piedras guiaba para atravesarlo.
Era grueso y de manera ondulada dejándose interrumpir por otras sendas.
Otras vías más cortas le hacían verse como con venas.
En el centro exacto, aparecía una fuente que lloraba abundante líquido.
La fuente a su vez, poseía unas esculturas pequeñas, que de su boca expulsaban el agua.
Flores diversas le daban un toque de color al paseo de los caminantes.
Las bancas de madera y hierro, cada cierto tramo, esperaban al descanso.
Las hojas eran constantemente barridas y acumuladas en un extremo.
El pasto, perfecto y bien cortado se mostraba verde y oloroso.
Una breve extensión contenía juegos para los infantes.
Una zona ligeramente boscosa, ocultaba a las miradas, encuentros de enamorados.
El sonido del agua que corría alborotada, justificaba al pequeño lago que aparecía.
Los pájaros cantaban una variedad de melodías que lo identificaban.
Gritaban llamando la atención de todos los viandantes.
En la periferia del parque transitaba un carruaje muy añejo.
Esto para darle otro ambiente al espacio y a sus alrededores.
El cochero iba vestido como los del siglo XIX.
Niñas y niños corrían buscando al entretenido juego que los reconfortaba.
Las plantas se mecían entretenidas por la brisa, paleando al fuerte clima.
Los perros sorprendidos, se dejaban ir por la alegría de la velocidad.
En otro de los extremos, se identificaba un bello quiosco antiguo de madera.
La estatua de una pluma de ave le hacia gala a los recuerdos de como se debe protegerle.
Por increíble que parezca, aparecía un espacio, cómodo y dedicado al área de lectura.
Grandes butacas de madera para descansar, se complementaban entre las flores y árboles.
También, una biblioteca mínima abría sus páginas al llamado de esta actividad.
En fin, como no iba a sentirse este parque feliz.
Tenía la acción y el gusto de todo lo que esperamos poseer, en un espacio público.
Y que decir de su baño matinal que le daba interés a su cuidadoso riego.

A cuántos nos gustaría ser ese preciado parque, que presume de tanta felicidad.