24.10.07

El momento en que vivo


No se si es nostalgia, o es tal vez un poco de ensueño, o la tremenda necesidad de demostrar que sí podemos vivir en un mundo más cercano a la belleza. Pienso, que la velocidad que antecede nuestras horas, está hecha para azorar a la valentía de vivir todos los días. A veces, camino por lugares abarrotados de gentes que no miran a su alrededor. Es, sin duda, la monotonía de cada día la que deshace el encanto de perdernos entre fantásticas grafías impensadas, las algo socorridas señales para entendernos y aclararle al espectador la necesidad de los servicios que deben usar.

Vivimos como en un desierto visual de gráficas intenciones; no hay el cuidado de recrear a la imaginación, todo es igual a todo, el ingenio falta. Nos separa el destino geográfico o más bien gráfico de cómo vamos a gastar en este lujo de una buena gráfica, si hay antes que comer. Lo hermoso es un alimento del espíritu, no es más que una especie de sometimiento sicológico, lo ponemos por delante para justificar nuestra propia inquietud de no ser mejores.

Creo, sería encantador poder entrar a un espacio urbano, alentando el poder del hombre a especular sobre qué hacer frente a una pared blanquecina, descolorida, sin más deseos que soportar la estructura arquitectónica, formar parte de la ciudad como patrocinador de una idea que genere un estado de ánimo, de buena satisfacción, a algo más allá de vivir entre paredes, calles, parques maltrechos, ruidos que agobian, faltándonos entonces el placer de la naturaleza; claro está, el sustituto es el poder compararlo, o reemplazarlo, por un trabajo gráfico acorde a las necesidades de esta época moderna.

A veces, me doy cuenta que existen muchos, múltiples, espacios desaprovechados; con una guía acorde podrían convertir a la ciudad en un muestrario, en un productor de imágenes, que nos enseñarían, con temas de actualidad, un comportamiento humano más verosímil.

Pensar, que frente al edificio de un periódico, podemos convertir una pared fría en un sitial para una página diseñada, magnificando ese mismo diario que llevamos, normalmente, entre las manos y que sería el asombro de los paseantes.

Podría ser el Metro un lugar para desarrollar la imaginación gráfica, caracterizando las estaciones con representaciones y conceptos de los nombres de los lugares, ayudando, así a la memoria.

La gente, en todas partes del mundo, se ocupa de caminar entre espacios que el propio hombre ordena y diseña, claro, que unos muchos, mal, otros pocos, mejor.

Siempre nos olvidamos lo que representa el diseño de una buena señalización, clara, que no confunda, que muestre la intención a la que va dirigida. Señalizar es el proyecto de un lenguaje universal, graficado de manera sintética, geometrizada, con la posibilidad de que no existan barreras idiomáticas en su comprensión. Cuánto agradecemos una buena señal que nos oriente, sobre todo, cuando estamos en otros países que no hablan nuestro idioma. Es entonces, cuando apreciamos lo importante de este metalenguaje, comunicador de nuestras funciones.

Cuidar el ambiente visual de todos es responsabilidad de los especialistas del diseño: arquitectos, urbanistas o gráficos. Cada uno tiene una responsabilidad distinta, pero un objetivo similar: adornar nuestras vidas.

El hombre, como ser social, se ha acostumbrado a lo que le rodea; en épocas anteriores le prestaba más atención a las cosas de este mundo. Las casas eran más decoradas, las puertas con contraventanas transparentes de cristales se asomaban a la diaria calle, esos mediopuntos que se abrían como rayos de sol en la oscurecida habitación, patios que rodeaban la vida del hogar, anunciando a la temprana mañana o a la adormecida noche. Hoy, el hombre vive aceleradamente, no hay tiempo para detalles. Los edificios de oficinas, o de viviendas, son como grandes cajas que guardan la nostalgia de otros tiempos. Los edificios, y sus entornos, se convierten en grandes plazas, duras, acementadas, sin los deseados verdores del camino, fuera de esa proporción humana que tenían los pequeños parques de barrio, con olores diarios a pan, flores, lluvia y, hasta mar.

Este hombre, necesariamente apurado, exige sobre todas las cosas que los servicios que le brinda la comunidad sean, ante todo, eficientes. Protesta, o se siente incómodo, si a su alrededor hay, más o menos, suciedad o no funciona el Metro, el autobús o el auto en el que se va a desplazar. Se da cuenta si una señal de orientación esta caída, pero no siestá mal diseñada; simplemente, él quiere que se le informe. No pide más.

Un poco de futuro
Cierro los ojos, camino por entre adorados edificios, cuidadosamente diseñados, pintados con colores armónicos, deliciosamente complementarios, delicados y apastelados, o tal vez, con otra gama más ácida, más contrastada. No, mejor, colores no usuales, casi tiernos. La gráfica
señala cada parte de las diversas funciones que le son impuestas en la arquitectura urbana o en el diseño de la vida urbana. Contrastadamente, puede ser delicada o agresiva, funcional o incómoda; pero ante todo, debe ser amable. También, debe informar directamente, embellecer lo que nuestros ojos exploran. Sigo mi camino. Llego a una tienda de mascotas, animales reales y dibujadamente gráficos desbordan la fachada, escondiéndose o asomándose; así nos sorprenden unos ágiles perros que descubren sus manchas y texturadas imágenes, saltando de un extremo a otro de la fachada. Debo seguir mirando. Las aceras no son como las conozco;
luchan por convertirse en áreas para una obra plástica. Temo pisarlas, pero qué gusto para mis pies cansados acercarse a una obra de arte. En la perspectiva de esta franja de cemento y arte veo, reproducidas, las obras que en otros tiempos se colgaban de las paredes de los museos. Justo, en ese momento, pasa silenciosamente un autobús de imágenes movidas. Se desplaza por las calles añejas de esta ciudad, tal vez llena de ensueños. El va ocupando esos gráficos espacios, de secuencias, que recuerdan a los primarios iniciadores del cine. Imágenes aceleradas o cortadas, repetidas, o congeladas en la visión de estos momentos. Sin imágenes didácticas que hacen conocer la historia gráfica del hombre. Me detengo en una parada de
autobús. Frente, colocan unos paneles. Detrás una antigua construcción dejará su espacio a una nueva. Será un hotel. Rápido, las formas se van descubriendo y aparecen hombres, trabajadores con cascos que protegen sus cabezas. Figuras abocetadas, dibujos que ocultan a la curiosidad lo que pasará tras ellos, pero sobre todo serán una atención, una llamada de
belleza gráfica en la ciudad real.

Digamos, la gráfica es tan necesaria como la vida urbana. En cada espacio que abarca la visión, existe el reclamo de una señal que informa el nombre de una calle; la presencia de un cercano teléfono; donde colocar la basura; la entrada del Metro; el taxo que pasa; las ofertas en la pequeña tienda o en el gran almacén; el tipo de café que degustamos; el olvidado letrero de un espacio en venta; las prohibiciones cotidianas: no estacionarse, doble a la izquierda, a la derecha, salida, entrada. Cada parte de nuestra vida urbana está orientada por la gráfica, estableciendo su relación con el paseante apresurado. Y, mostrándonos su visión de cada
tiempo.

Hoy o mañana
Será real o irreal lo que pensamos. Sé que podemos vivir o convivir con imagenes mejor estudiadas, más entendibles, menos agresivas. Vivir en ciudades que no se despedacen sino que acojan a sus moradores, los enseñen a ser cultos, aprovechando sus individualidades en beneficio de todos. Preocupándonos por una ecología real, no trasnochada, y muchas veces politizada.

Pienso, quizá, de manera romántica, en un mundo hermoso. El arte, la gráfica, pueden ayudar a que entendamos más inteligentemente todos los problemas de una ciudad urbanizada.
Creo, que el desarrollo urbano no solo está dado por la calidad y utilidad de los servicios, sino de la calidad de vida, la que se puede obtener con un orden en el diseño, y por un buen resultado en su realización. Una ciudad desprovista de espacios diseñados con amor, con gusto, con propuestas más humanas, es un espacio sin vida, mecanizado, acelerado,
socialmente inútil. El diseño arquitectónico, urbano, gráfico es un conjunto de opiniones para pensar, hacemos actuar en función de un universo más actual, rescatar los valores del pasado, generar, por consiguiente, una relación entre individuos con diferencias sociales, culturales y políticas. Desaprovechar la ocasión será enfrentarnos con la historia y dañar el futuro.

A veces, pienso, también, en alguna calle imaginaria, que no tiene por qué serlo. Pienso en lugares cuidadosamente diseñados. Tal vez como un enfrentamiento al populismo. Sobre todas las ideas soñadoras que tengamos, hay que resolver los problemas de vivienda, de servicios, de manera masiva, pero no degradando al paisaje, no degradando a la propia vida.

Siempre me pregunto por qué un conjunto habitacional no puede ser un lugar pensado con el corazón, con el valor que dá respetar la profesión y, sobre todo, la gente. Por qué el hombre moderno tiene que dejar su vida en una especie de panales de cemento, tabiques, sin percatarse que la naturaleza es el mejor diseño que tenemos y es urgente disfrutarla. Sé que existen profesionales, que por los apuros de la función material, se olvidan de esa otra necesidad que es la del espíritu. No abandonemos nuestros compromisos de formadores, de educadores del entorno. Tal vez, plantearse esa integración del diseño con la naturaleza, del diseño que se escapa de las ideas del hombre, es, o sería una interesante solución, de éste, del
próximo y por qué no, de todos los siglos. Acordar colores, espacios abiertos, suaves reflejos de siempre, podría evitar muchos enojos con la propia vida: El mundo de los detalles no debe estar olvidado por la función de vivir.

Sé que soy romántico, pero no quiero serlo. Déjenme pensar que los problemas de la sociedad son provocados por la escasés de diseños, por la despreocupación de muchos no cantarle a lo hermoso que llevamos dentro.

Tenemos miedo de enfrentarnos con nuestros gustos, o simplemente no sabemos cómo, o no nos damos cuenta de los importante que es el equilibrio entre diseño y naturaleza. No podemos dejar que la fealdad se apodere de lo que nos rodea. Seamos más especialistas, más estudiosos, más preocupados, más creativos, para estar a la altura de los requerimientos
del inmediato siglo.

Endeudados con la humanidad, dejemos de pensar en calles o comunidades imaginarias. Hagamos realidad lo que tanto nos mueve a ser, también, salvadores. Somos diseñadores de una época difícil, tenemos la gigantesca tarea de cambiar, mejorar, conservar y a la vez modernizar nuestro mundo.

Año 2025
Estoy bebiendo una taza de café. El pequeño recipiente conserva un estilo de finales del siglo pasado, el veinte. El dedo índice soporta con seguridad al pequeño cazo. Humea el oscuro liquido, lo absorbo, es fuerte, amargo, lleno de recuerdos, de nostalgias. Es el acercamiento, con una, no muy antigua cultura, de anteriores o cercanos hombres. Es un lujo realizar este rito, que aún queda en algunos pocos lugares del planeta. Hoy, todos se dirigen a estas máquinas que se incrustan en las paredes de las rígidas plazas. Depositan una triangular ficha, acercando sus atrofiadas narices, respirando los aromas digitalizados del descolorido grano que es hoy, y no, como lo tomábamos ayer. Ya, siento el dolor del olvido.

Estos años de ahora
Quiero diseñar un espacio donde abunden escaparates llenos de arte, que enseñen y muestren a la gente la dulce necesidad de la cultura, letreros claramente legibles con tipografías de diseño moderno, pero que recuerden antiguos signos. Colores acordados con representaciones de comidas o vegetales que se multiplican diferenciando su especie. Tomates, de variedades distintas, que ejercen su información en un sencillo local de verduras, que se repiten magnificados, ambientando e integrándose al espacio. Ese pequeño café, lleno de antiguas marcas, pero que se presentan en su identidad con resultados delicadamente modernos, o letras que se entrelazan dejando el recuerdo del ondulado aroma. Parques llenos con los
sonidos de la mañana, de pájaros reales, que vuelan para tomar pequeños trozos de alimentos, sobre bien diseñadas, cómodas e inimaginables bancas.

Esculturas, que como gigantescos objetos, dominan el panorama de la plazoleta: un tenedor con un pequeño grano de arroz que triplica la estatura del hombre común de dos metros o un juguete-matraca que sacándose de su tamaño original, abusa con su enorme presencia. Callejones donde abundan la limpieza, las flores, los olores suaves a mañanas, a tardes y
también a iluminadas noches que son indispensables. Lugares de comunicación transparente, de tiernos momentos, vividos en comunión con su entorno. Casas de colores matizados, suaves, o atrevidos a la vez. Números que anuncian. Anuncios que enseñan y no engañan, que gritan a su paso la importancia de saber, que ponen al alcance de todos los valores que te
entrega lo natural. Un llamado a alejarnos de los productos artificiosos. Poder entrar todavía a un pequeño cine que rescata lo bueno del hombre, no la maldad, la violencia de otras edades.

Años para siempre
Diseñar es una actitud ante la vida, no es una pose; no es solo la posibilidad de salvar algunas dificultades económicas. Es compromiso, pasión, dolor, es dulzura por lo que debo crear, es amor. No sé por qué, pero algunos me dicen romántico. Por favor, sé que no quiero serlo.

2 comentarios:

vale*milagrerías dijo...

Profe!! oohh es tan bueno poder leerlo... en verdad hace falta una charla con usted, hace tiempo que no lo veo y por lo menos me puedo quedar con leerlo... Sepa que siempre, siempre, siempre pensamos mucho en usted... prometo dar una vuelta pronto por las tierras xalapeñas y tomar un cafesito con usted... Gracias!

Anónimo dijo...

Ñiko, además de diseñador gráfico antológico, descubro en este blog tu calidad literaria. Estos temas son pequeños ensayos... ¿Dónde más se pueden leer otros artículos, disertaciones, ponencias, etc?